Me deseaba en secreto: ahora la reviento sin piedad
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Melody siempre jugaba con su hermanastro, buscando excusas para provocarlo. Detrás de sus bromas se escondía un deseo prohibido: quería sentir su verga dura estirando su coño mojado. Nada la calentaba más que imaginarlo follándola sin parar, y estaba dispuesta a todo para lograrlo. Incluso lo espió en la ducha y le tomó fotos mientras se pajeaba, esperando que él entendiera la indirecta. Pero él seguía sin darse cuenta.
Todo cambió cuando la escuchó en su cuarto leyendo en voz alta su diario, donde ella detallaba sus fantasías más sucias: quería que la follara hasta perder el control. Él por fin lo entendió, y ella no perdió el tiempo. Le bajó los pantalones y se tragó su polla como si llevara esperándolo toda la vida. Con cada lamida, lo preparaba para metérsela entera. Se subió sobre él y dejó que ese bicho grueso y venoso le destrozara el coño, frotando su clítoris hasta hacerla temblar.
Pero Melody necesitaba más. Se puso en cuatro para que la follara duro por detrás, y después se dejó dar con fuerza en misionero, recibiendo cada embestida con gemidos intensos. Para cerrar, se arrodilló y dejó que él le follara la garganta sin piedad. Entre arcadas y saliva, él la llenó hasta el fondo.
Ya no había secretos: su coño lo había dicho todo.
18 de octubre de 2025